El poder de una mujer: Wu Zetian, la Emperatriz china que se convirtió en un Dios viviente

Representación de Wu Zetian en Detective Dee y el misterio de la ll...

“El aspecto de un hombre, el semblante de un dragón y el cuello de un fénix, que recuerda al legendario Fuxi, indican un individuo que será muy célebre. Si además este bebé fuera una niña, podría convertirse en la soberana de un imperio.”
Yuan Tiang-gang

Tras un penoso ascenso por el Monte Liang (cerca de la actual Xian), llegamos a la entrada del Mausoleo Qianling, donde encontramos dos grandes estelas memoriales dedicadas a un emperador, Gaozong, con un extenso epitafio, y a una emperatriz, Wu Zetian, con un vacío de inscripción escalofriante; motivos siniestros que hacen pensar en el odio de la familia que había dominado y depuesto. La custodia de gigantescas estatuas de caballos y guerreros, la decapitación de las estatuas de los embajadores extranjeros, el daño realizado a las lápidas conmemorativas y el vacío en el epitafio de la Emperatriz, le lleva al visitante a adentrarse en ese mundo de misterios y escándalos que se cosecharon en época de Wu.

Nacida en el seno de una familia noble en la provincia de Shandong en el 625, durante la dinastía Tang (617-907), pasó a formar parte de las 122 mujeres que constituían el harén del emperador Taizong (1). Tras la muerte de éste en el 649, su hijo, Gaozong (628-683), subió al trono y las concubinas -entre ellas Wu- fueron enviadas a un convento de monjas. El fin de la imagen pública de Wu estaba cerca si no fuese porque el emperador Gaozong la trajo consigo a la corte imperial en el 654. En su ascenso al poder, se sucedieron una serie de crímenes en los que eliminó de su camino a amigos, familiares y amantes, hasta destronar a su hijo y convertirse en la soberana absoluta de China.

                     Tumba de Wu Zetian. Estela vacía de inscripción. Mausoleo Qianling ...

Siendo su historia mucho más compleja, e incrementada por la ardua tarea de separar la realidad de la ficción, aquí no trataremos su vida, sino el poder, que es lo que personifica la figura de la Emperatriz Wu: la única mujer china conocida como diosa viviente y gobernante de todo bajo el cielo. Ya lo predijo el adivino Yuan Tiang-gang en el 627, cuando visitó la casa de la familia del gobernador de Lizhou (cerca de la actual Sichuan). Lo que no sabía es que aquel bebé vestido con ropas de niño y en los brazos de su niñera, era una niña.

El inicio de su ascenso se produjo en el 655 cuando se convirtió en la primera esposa del emperador Gaozong, nombrando heredero al trono a su hijo un año más tarde. A partir de este momento, y con el traslado de la capital a la ciudad de Luoyang por consejo de Wu–geográficamente más céntrica y mejor comunicada con el este de China, era menos vulnerable a un ataque enemigo que la antigua capital, Chang´an-, su mandato como soberana estaba cerca. Hecho acelerado a partir del 660, cuando el emperador Gaozong cayó enfermo y dependía en gran medida de Wu; situación que le otorgaba el control de la información que disponía el emperador a la hora de tomar decisiones. Él tenía la última palabra, pero Wu controlaba todo su vocabulario. Bajo la sombra del Emperador, Wu emprendió reformas que la vanagloriaban: redujo los impuestos en agricultura y seda, repartió entre granjeros las tierras colindantes a la muralla de la ciudad, desmovilizó muchos destacamentos de los ejércitos Tang con una resolución pacífica de conflictos, restringió las obras públicas y suprimió las que no eran imprescindibles, alentó a los ciudadanos a que se comunicaran con el soberano…, entre otras medidas.

Su astucia y sabiduría quedó reflejada para la posteridad en la ceremonia religiosa más importante de la historia de China, el Feng-Shan, de la cual se apropió la Emperatriz. El Feng-Shan consistía en una ceremonia religiosa compleja, en la que el emperador ofrecía sacrificios temporales y anunciaba sus éxitos al cielo al pie y en la cima de la montaña Taishan (actual Shandong). Fue ella quien le propuso a Gaozong que la realizase, hecho que aceptó de buen agrado (2) . Cuando llegó el momento en el 666 y al pie de la montaña, Wu dio un giro en los acontecimientos. Bajo la premisa de una incorrecta ejecución de la ceremonia bajo las dinastías anteriores –hecho que les había llevado a perder el Mandato del Cielo (3) - los hombres se vieron obligados a despejar la montaña una vez que habían realizado parte del sacrificio, y a observar en la distancia el resto de la ceremonia, donde Wu y su séquito de doncellas realizaron el resto del ritual. Sus argumentos fueron que el Cielo era masculino – yang- pero la tierra era femenina –yin- y atendida por espíritus femeninos, por lo que parte de la ceremonia les correspondían a las mujeres. Con ello se insinuaba que a lo largo de los siglos, los eruditos de la obra de Confucio habían interpretado erróneamente las antiguas leyendas y las mujeres habían sido iguales que los hombres y, por tanto, no subordinada a éste.

Wu en edad avanzada contenida en el libro de la dinastía Song del S...

Un nuevo suceso para su ascenso a Emperatriz le llegó de la mano de Huayi, un monje budista afín a Wu. La religión budista era una importación llegada a través de la Ruta de la Seda, que ofrecía consuelo en el sufrimiento y la esperanza de una vida mejor en el próximo mundo. Hasta el 691 –año que Wu convirtió el budismo en religión oficial- la religión del estado chino seguía consistiendo en ceremonias de adoración a los ancestros. En el 664, el célebre monje budista Xuanzang, antes de morir, dirigió las últimas palabras a sus seguidores donde defendía el fin del mundo y la llegada del salvador de la humanidad, Maitreya, para impulsar una nueva era de paz. Estas palabras fueron redirigidas hacia la figura de la Emperatriz cuando se descubrió que uno de los textos budistas –existen detractores que defienden la falsedad del documento- sugería que la próxima reencarnación de Buda tendría lugar en el cuerpo de una mujer. El sacerdote Huayi, principal artífice de esta creencia y partidario de que la reencarnación ya se estaba produciendo con Wu, justificaba sus argumentos en la teoría de que Maitreya eliminaría toda maldad del mundo, residiría al este del río y erigiría una ciudadela de la transformación. ¿No era Wu, con sus reformas, la que estaba acabando con la corrupción y creando una vida mejor para el pueblo llano? ¿No era ella quién había mandado trasladar la capital a Luoyang, y ésta se encontraba más o menos al este del río? y ¿no fue ella quien mandó construir el Templo de la Iluminación tiempo atrás (4)? El nombre de Wu estaba en alza y en el 690 uno de sus funcionarios le propuso que se convirtiera en gobernante de todo bajo el cielo, hecho que aceptó su propio hijo, convirtiéndose en la primera mujer huandi –emperador- de la historia de China. Con ella comenzó y finalizó su propia dinastía, Zhou 周, en honor de los soberanos del pasado de la historia de China, época de los sabios Laozi o Confucio. Los quince años que gobernó fueron tranquilos, caracterizado por la lucha contra la corrupción del estado chino –al menos hasta fines de su gobierno- amada por el pueblo llano, pero odiada por el resto, que veían en ella a una usurpadora y violadora de las leyes de sumisión de la mujer que defendía Confucio.

En el 705, Wu abdicó tras un golpe de estado protagonizado por sus detractores y su hijo Zhongzhong, acabando con la dinastía Zhou y restituyendo la dinastía Tang. Wu se retiró al Palacio del Alba –en Luoyang occidental- hasta sus últimos días.

Wu Zetian ha pasado a la historia por las purgas acaecidas sobre sus enemigos y por sus tendencias sexuales, fama que le adjudicaron sus adversarios. Famosa por reclamar la igualdad para la mujer, y una gran reformadora del mundo en el que vivió, gobernó bajo la sombra de un emperador débil, hasta convertirse en soberana, no sin antes batallar por ello. En su aspiración a diosa modificó más de una decenas de caracteres, en los que la palabra “nación” contenía su propio nombre –convirtiéndose en el centro de la nación y en su esencia- y la palabra “ser humano” se alteró en su estructura para configurarle su principio femenino. Ella encarna el poder de una mujer fuerte que desafió las normas confucianas de la época.

Dos mujeres deberían ser incluidas en la lista, exclusivamente masculina, de Grandes Emperadores- Wu de la dinastía Han, Taizong de la dinastía Tang o Kangxi de la dinastía Qing- de China, y Wu es una de ellas. Habrá que esperar más de 1000 años para volver a ver a otra gran señora sentada en el trono de China.

(1) La mayoría de las concubinas de los emperadores eran hijas de miembros de la nobleza que aguardaban la esperanza de que alguna de ellas se convirtiera en la madre del heredero.

(2) Solo existen tres sacrificios Feng-Shan comprobados hasta la dinastía Tang, y el último hacía seiscientos años.

(3) Concepto desarrollado por el Duque de Zhou, miembro de la dinastía Zhou (1050 a. C. a 256 a. n. e.), como justificación al derrocamiento de la dinastía Shang, y en la que se defendía que el “Cielo” bendecía al gobernante justo y castigaba al déspota.

(4) Constituía un símbolo legendario de poder imperial y el creador de éste, otra vez Wu, pasaría a la posteridad como el más grande Emperador de todos los tiempos.

Bibliografía|

CLEMENTS, JONATHAN, Wu, Barcelona: Crítica, 2007.

GRAFF, DAVID, Medieval Chinese Warfare, Londres: Routledge, 2002.

GUISSO, RICHARD, Wu Zetian and the Politics of Legitimation in Tang China, Bellingham: Universidad de Washington, 1978.

HOLCOMBE, CHARLES, A History of East Asia, Cambridge: Universidad de Cambridge, 2011.

MCMAHON, KEITH, Women Rulers in Imperial China, Lawrence: Universidad de Kansas, 2011.

ROTHSCHILD, NORMAN HARRY, “An inquiry into reign era changes under Wu Zhao China´s only female emperor”, en Early Medieval China, Jacksonville: Universidad Norte de Florida, 2006.

WIESHEU, WALBURGA, Ritos de la Corte Imperial china en la montaña sagrada Taishan, XIII Congreso Internacional de ALADAA, Bogotá: Asociación Latinoamérica de Estudios de Asia y África, 2010.

Este artículo también se puede leer en Témpora

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Etiquetas: Cultura, Dinastía, Emperatriz, Género, Historia

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