Una vez terminado el curso y habiendo decidido alargar mi estancia en China, llegó la hora de plantearse qué hacer con los dos meses que me quedaban allí. La decisión no fue demasiado complicada. Lo tenía claro: viajar. Enseguida me puse manos a la obra en busca de compañeros de viaje y, lo más importante, en busca de destinos. China es infinita, por lo que encontrar lugares interesantes a los que viajar no supuso un problema. Lo difícil era, sin embargo, encontrar billetes de tren. La fecha de la celebración del Año Nuevo Chino estaba cerca y todo el mundo quería tener un billete para regresar a sus ciudades natales y reunirse con la familia.

Los trenes chinos no tienen el mejor aspecto del mundo y, por supuesto, no están demasiado limpios, pero son el medio de transporte más cómodo y económico para viajar por el país. Las distancias entre provincias son enormes, por lo que dependiendo de hacia dónde te dirijas puedes llegar a pasar días metido dentro de un tren. En este caso, lo mejor es comprar un billete para viajar en tren dormitorio, es decir, con literas donde poder pasar la noche con relativa comodidad. Son un pelín más caros que los normales, pero merece la pena pagar la diferencia. Además, puedes elegir entre cama blanda, con compartimentos más espaciosos, colchones más mullidos y precio más elevado; o cama dura, con colchones más finos y estrechos y un precio más bajo. Eso sí, ambas opciones traen incluido el encanto (¡totalmente gratis!) de que las personas que estén en la litera de arriba van a utilizar tu colchón a modo de escalera cada vez que quieran subir o bajar de sus camas, por lo que cada dos por tres vas a tener un par de pies, con suerte limpios, posados sobre tu colchón.

El problema es que si no te das prisa en comprar un billete para este tipo de trenes con cama, te quedas sin sitio y vas a tener que viajar durante horas o días en trenes menos confortables. Estos trenes menos cómodos se dividen en dos clases: asiento blando y asiento duro. El asiento blando es más caro que el duro, pero creedme, si el viaje es largo el precio lo vale. Los asientos duros en largas distancias vienen a ser... ¿cómo decirlo? Una tortura. No se trata solo de no tener un cojín en el lugar donde se supone que uno va a apoyar el trasero, sino que el respaldo parece estar diseñado para dejar tu espalda como la del Jorobado de Notre Dame. Además, el espacio entre tu asiento y el del pasajero de enfrente es más bien escaso. A todas estas opciones hay que sumar una quinta y emocionante forma de viajar en tren. Si los asientos duros nos parecen un instrumento de tortura a la altura de los que utilizaba la Inquisición por nuestras tierras, ¿qué pensáis de viajar cerca de 20 horas de pie? Sí, sí, como lo oís, de pie, sin asiento, como cuando vais a trabajar y no quedan banquetas libres en el metro, pero durante 20 horas. Esto es lo que os puede pasar en China si compráis el billete de tren más barato o si ya no quedan plazas libres para todos los demás. Para ellos lo importante es que el tren vaya bien aprovechado, sin huecos libres, así que si hay que vender billetes para ir de pie, se va de pie y punto. Lo mejor de todo es que los que viajan en asiento duro terminan tan hartos de ir sentados, que cada cierto tiempo se intercambian con los que van de pie y, de esta forma, el viaje se hace mucho más llevadero para ambos. Mis amigos y yo tuvimos la suerte de encontrar billetes de cama dura para casi todos nuestros viajes. Casi todos, porque en cierta ocasión estuvimos viajando 18 horas de noche en un asiento duro (algo que espero no tener que repetir). Una vez explicado este panorama no os sorprenderá que cada vez que nos cruzábamos con uno de esos trenes modernos de alta velocidad, con asientos amplios (¡e incluso reclinables!) y pasillos limpios, soltáramos un ¡guaaaau! y pusiéramos los ojos tan redondos como cuencos de arroz.

Viajar en tren por este país es algo único. Puedes aprovechar el tiempo para relajarte, para leer, para empollarte la guía turística, para mirar el paisaje por la ventana durante las horas de luz y, si hablas el idioma, puedes charlar sin prisas con la gente (casi todo el mundo acabará dándote su número de wechat e invitándote a que los visites en sus ciudades).

Para no morir de hambre durante todas esas horas y no dejarse el dinero en los caros y no muy apetitosos menús que venden en el tren, lo mejor es recurrir a las galletas de arroz y a los famosísimos instant noodles. Por 5 yuan puedes encontrarlos en cualquier parte y con tan solo añadirles agua hirviendo están listos para comer.

En cuanto a los baños de los trenes, tengan el tipo de asiento que tengan... No, no, mejor me salto esa parte. Comentemos mejor la cantidad de situaciones cómicas con las que te puedes encontrar viajando en tren: gente que viaja con gallinas vivas dentro de los bolsos, otros que se pasan todo el viaje jugando a las cartas en corro, gente que se asoma a tu compartimento con disimulo para sacarte una foto, otros que te despiertan en medio de la noche para decir “adiós” al extranjero antes de bajarse en su estación, niños que se suben a tu cama para robarte galletas, otros que para estirar las piernas se ponen de pie sobre su asiento o el señor del carrito que pasa intentando convencerte a voces de que compres sus pipas, caramelos y chicles. Pipas cuyas cáscaras serán posteriormente escupidas en el suelo del tren sin ningún tipo de remordimiento o discreción.

El caso es que después de dos meses moviéndonos en tren China arriba y China abajo, sobrevivimos. Terminé cansada, pero tan encantada con la experiencia que ya estoy planeando el viaje en tren que haré la próxima vez que vuelva. 

Sí, también se pueden coger aviones, pero ¿no creéis que merece la pena vivir esta aventura?

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Etiquetas: Curiosidades, Lugares, Transportes, Viajes, Vivencias, Vivir en China, p3

Comentario por Mister Elmer Soliz el febrero 22, 2016 a las 6:03pm
啊!哦, 噢噢, 好 。

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