Cuando nos apeamos del taxi después de haberle dicho que parara en medio de una calle oscura, y llegamos a un más oscuro callejón con un cartel de madera semiiluminado junto a una puerta, también de madera, en apariencia cerrada, Adrien, que es suizo y llegó a la ciudad hace unos meses, me mira con cara rara y me suelta un “pero dónde cojones encuentras tú estos sitios”.

Pero no, no soy la única que los encuentra por mucho que me guste tirarme el pisto. Ese día, viernes noche, once y pico, no encontramos un solo sitio para sentarnos en Mokkos. Aunque tampoco es que haya mucho para elegir normalmente: dos o tres mesas (separadas de la barra por unos biombos), una mesita de estilo japonés a la que se accede gateando por dos escalones y para la que hay que quitarse los zapatos, y una barra donde apretujarse. Suena reggae.

Las camareras pululan vestidas con faldas rollo hippie y no será raro que en algún momento de la noche alguien agarre una guitarra y una de ellas se suelte a cantar. Les pongo al día mientras nos hacemos con unos taburetes, pegados a la pared, detrás de unos chinos que están poniéndose finos a cacahuetes dulces: aquí sólo tienen una bebida, shochu, y la sirven de varias y deliciosas formas: con limonada, con zumo natural de pomelo, con refresco de vinagre (extremadamente pegajoso y dulce) y también on the rocks.  Es barato: alrededor de cuarenta yuanes el combinado, y diez el cuenco de cacahuetes. Es bonito: iluminación tenue, decorado con cierto gusto, botellas gigantes de la bebida estrella por todas partes. Y un bar así, con camareras amabilísimas con las que practicar chino diciendo 西柚 (xiyou, pomelo) o 柠檬 (ningmeng, limón) y que de vez en cuando te invitan a chupitos, es muy fácil que se llene. 

Bueno, también tienen cerveza, pero quién quiere cerveza habiendo shochu. 

Otro de los atractivos, por qué no, es el retrete japonés con chorritos y asiento termorregulable. Que sí, que todo el mundo se ríe, pero luego todo el mundo tarda en volver de ahí.

Los de la mesa, unos señores trajeados y en calcetines que acaban de comprar una botella del tamaño de una de las camareras, nos invitan a brindar con ellos. Soy artista, se presenta uno de ellos, con melenita a lo Einstein y gafas, empinando su vaso. Brindamos y masticamos la pulpa de pomelo que se macera en el alcohol. Está todavía empezando la noche, y seguramente terminemos cerrando el bar. Otra vez. 

Mokkos (original): 1245 武定西路 1245 Wudingxilu, lane 103, cerca de Wanhangdulu. (M) Jiangsu lu. 

Mokkos 2: 68 Jinglingdonglu, 1/f, cerca de Jiangxilu. (M) Yuyuan Garden. 

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Etiquetas: Entretenimiento, Fiesta, Ocio, Shanghai, Viajes y ciudades, Vivir en China, antrazo, antros, baretos, cozy, Más...japo, mokkos, shochu

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