Debido al efecto combinado de las políticas del hijo único y la tradicional preferencia por los descendientes varones, se calcula que, hoy en día, China cuenta con cerca de 120 hombres por cada 100 mujeres. El dato se dice pronto, pero según las estimaciones demográficas de Nicholas Eberstadt, implica que, en 2030, el 25% de los hombres chinos cercanos a la cuarentena estarán todavía solteros.

Por supuesto, habrá quien diga que la cosa no es tan alarmante como parece, ya que, en China, los hombres gozan de un margen tiempo mucho más amplio que el de las mujeres para casarse, lo que hace que muchos “solterones” puedan buscar novia entre las chicas de la siguiente generación.

Aun así, no cabe duda de que entre los jóvenes de este país se respira cierta angustia por el tema, y no es raro que, incluso en las grandes ciudades, donde la proporción de mujeres es algo mayor, se nos mire con cierto recelo a los extranjeros que nos hemos buscado pareja local (aunque rara vez de pie a conflictos).

No obstante, donde más preocupa la escasez de mujeres es en el campo, donde casarse y tener hijos constituye una inversión crucial para gozar de una jubilación más o menos digna.

Este mismo problema ya afectó, y sigue afectando todavía, a muchos granjeros de mi querida comarca y de muchas otras zonas rurales del Norte de Navarra y de País Vasco, donde, dicho sea de paso, no parece que seamos muy dados a eso de reproducirnos.

Y al igual que algunos de nuestros solterones rurales aprovecharon la migración latinoamericana para buscar esposa, los campesinos chinos ya han comenzado a emparejarse con mujeres provenientes de países vecinos. Sin embargo, como muchos habréis imaginado ya, a las japonesas y surcoreanas llegadas a China no les hace demasiada gracia eso de irse a vivir al campo, donde el nivel de desarrollo y las condiciones de vida pueden estar en niveles mucho más bajos que los de sus países de origen.

Ahora bien, el fronterizo de Vietnam, con una cultura también similar y una economía menos desarrollada, se presenta a muchos campesinos chinos como un candidato ideal en el que buscar a su media naranja. De hecho, según los datos de la Oficina Nacional de Estadística, en 2010, China contaba con 36.205 ciudadanos provenientes de Vietnam, lo que lo convierte en el 5º país con mayor número de expatriados, por detrás de Burma, Japón, Estados Unidos, y Corea del Sur.

El interés por las mujeres de Vietnam ha llegado a tales niveles, que existen ya numerosas agencias matrimoniales que ofrecen a sus clientes la posibilidad de viajar al país y casarse a cambio de un mínimo aproximado de 20.000 yuanes RMB (unos 2300 euros).

Cuando vivía en Wuhan, capital de Hubei, mi novia ya me informó de los llamativos casos de pueblos como Hong’an, que había pasado a ser conocido como “Villa-Vietnam”, por contar con cerca de 100 casos de campesinos casados con esposas provenientes de dicho país.

Según apuntan las noticias y testimonios disponibles en la red de redes de China, entre las principales causas del éxito de este tipo de casamientos destaca el carácter “obediente” y “humilde” de las mujeres del país indochino, quienes guardan expectativas económicas notablemente más bajas que las de las mujeres chinas.

Desde luego, después de ver el perfil de mujer que esperan los campesinos chinos, a uno ya le deja de extrañar que sus vecinas salgan escopetadas hacia la ciudad. Es más, por lo visto, ya ha habido alguna que otra vietnamita que se ha dado a la fuga tras sufrir en sus carnes la versión campestre del llamado “sueño chino”.

Por otra parte, a la vista de la creciente demanda, las “agencias” matrimoniales han aumentado las tasas de sus “paquetes” para Vietnam hasta niveles tan altos, que son cada vez más los que se están interesando por Burma, un país todavía menos desarrollado, como proveedor de las solteras que tanto ansían los pobres caseros chinos.

Sé que el asunto puede sonar a broma, y quizás el estilo en el que he redactado el artículo carezca de la gravitas requerida, pero la escasez de mujeres constituye un problema bastante serio para China. Sin ir más lejos, el propio Nicholas Eberstadt lo considera como una posible causa de futuros brotes de violencia a manos de lo que podríamos denominar “hombres desesperados”.

En fin, todo sea por mantener esa famosa “armonía” que predican los gobernantes chinos, y que todavía no sabemos muy bien con qué indicadores se puede medir.

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Etiquetas: Amor y amistad, China Hoy, Sociedad, Vivir en China

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