Contrastes de la escuela en China y en Chile

Cuando llegamos hace ya hace tres años a Shenzhen una tarea primordial fue buscar colegio para nuestros hijos. El más pequeño que debía entrar en China con sus 8 años a uno de los cursos de primaria,  en Chile había sido diagnosticado con SDA (Síndrome de Déficit Atencional) en su colegio y nosotros como es habitual fuimos  “invitados” a darles los medicamentos correspondientes tal cual ya había ocurrido también años atrás con nuestro hijo mayor en otra escuela. O sea, en nuestra familia el Aradix tenía una tasa de consumo del 100%.

Tómese en cuenta que el Andrés llegó a un curso mayor al que le correspondía en Chile porque el calendario en China se rige por el sistema de verano del hemisferio norte o si quieren así llamarlo “el sistema gringo” y lo más importante con un nivel de inglés inexistente.

En los tres años que pasamos acá jamás escuchamos la sigla SDA, ni nada del psicopedagogo y mucho menos que nos invitaran a darle píldoras para la concentración. Mi hijo con harto esfuerzo y sobre todo apoyo de su mamá logró adaptarse a un ambiente totalmente ajeno, con compañeros que en el recreo hablaban chino, pasar con buenas notas sus ramos y -como ya dije- en un curso más avanzado que el que le correspondía, además -acá me pongo el babero- en cinco semestres adquirió un inglés de nivel nativo que hoy le permite redactar y expresarse en un segundo idioma sin problemas.

Mi hijo grande Alejandro que quedó matriculado en un colegio internacional también logró un alto nivel de inglés y pudo salir adelante de manera impecable.

Hay otras externalidades no académicas que hacen verdaderamente notable para un muchacho estudiar en el extranjero. Por ejemplo, ambos conocieron gente de todo el mundo, abrieron su cabeza a otras culturas idiomas y religiones. El mejor amigo del Andrés era un Chino y un Indio, los del Ale un Estadounidense, un singapurense, un filipino y un brasileño. Las perecuaciones de todas estas experiencias seguro serán valiosas para toda su vida.

Si bien estamos hablando de algo personal y particular como es el caso de  mis chicos no cabe duda que se pueden extrapolar varias cosas, para mí la más importante  es que refleja la profunda crisis ontológica que vive la educación latinoamericana y en este caso la chilena. ¿Cómo niños que para el sistema nacional constituían casos para tratamiento, síndromes  y cosas raras pasan a adaptarse a un ambiente y nivel complejísimo, sin problemas y en otro idioma?.  Créanme no quiero hablar mal en lo absoluto del colegio de ellos en mi país que es muy competente , es algo más allá, que estoy seguro pasa en el mejor de Chile también, y tiene que ver con cómo nuestra cultura enfrenta la educación.

El Ale (el mayor) a los pocos días de entrar a clases  nos decía “no puedo creer que el profesor explica una materia nos deja una tarea, sale de la sala y todos siguen trabajando como si nada y no vuela una mosca”. Claro en Chile si el profesor sale de la sala hay que aprovechar el momento de libertad y puede ser visto hasta Nerd que alguien siga haciendo ni más menos para lo que van al colegio que es estudiar.

Algo de eso hay en el corazón del problema. Para los orientales la educación es una oportunidad valiosa. En ella se juegan el futuro y lograr ser alguien en un mundo de feroz competencia. En mi país el colegio para sus estudiantes es tomado como una obligación forzada, una lata. Además sospecho que su rol es confuso, para los alumnos y sus progenitores es tan importante validarlo como espacio de socialización como lugar de aprendizaje. Y todo eso sin contar lo estrictamente académico que está en franca crisis.

En otro plano nada que ver con lo anterior resultan interesantes algunos otros contrastes. Por ejemplo lo comunitario. Parte de nuestra cultura escolar es que el colegio tenga actividades durante el año: Kermese, semana de algo y lo otro, unas cuatro reuniones de apoderados, fiestas patrias, reuniones con el profesor jefe para tratar temas particulares, el paseo de fin de año etc. Más todas las veces que los padres van a buscar a sus hijos al colegio y se encuentras con otros y comienza la conversa. O sea para los adultos el colegio es una inmensa –y quizás la más importante- instancia de socialización de su entorno.

<¿Y cómo es en China?.. Lo reflejaré con un ejemplo. A los pocos días que el Alejandro entro a clases le toco salir con sus compañeros en un viaje de estudios de una semana que implicaba quedarse en otra ciudad, hoteles y aviones. La Patty mi señora como buena mamá latina estaba muy nerviosa, le compró toneladas de cosas para comer y al día siguiente se levantó tempranísimo para ir a dejarlo. Llego al colegio, acompañó al niño todo el rato más de 40 minutos hasta que se fue el bus, trato de hablar y pedirles motivos para sentirse segura con los profesores como teléfonos y que pasaba si ocurría esto o lo otro. Mientras el autobús se alejaba ella corría saludando al Ale por la ventana como en esas escenas de película antigua en que el amor del alma se va alejando en el tren. Era la única. Ningún otro padre fue a dejar a su hijo al colegio ninguno!!!.

En china debe haber con suerte dos reuniones de apoderados al año y son individuales para tratar el tema de tu hijo en particular. Se hace alguna que otra actividad masiva como presentación musical o deportiva de algo o “International Day” con stand de países. Pero es una al año y van sólo un porcentaje de los padres.

Desde mi particular punto de vista los asiáticos son muy fríos con sus hijos y tienen ahí un rollo serio y grave en que especialmente las figuras paternas son muy ausentes con la excusa de los papas “están muy ocupados”. Pero los latinos nos “pasamos para la punta”. En una salida como esa de una semana que conté van todas las mamas, papas, abuelitas, el vecino y el alcalde. Debo reconocer que me gustaría algo más de equilibrio y menos contraste entre estas dos realidades. De la frialdad individualista hasta la gran pachanga social me acomoda algo más intermedio.

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