Cuando uno escucha hablar de conflictos político-religiosos o de pueblos oprimidos reivindicando su libertad, unas de las primeras imágenes que le vienen a la cabeza son el Tíbet y los tibetanos, con el Dalái Lama como su máximo representante. Pero ¿quién son los tibetanos y cómo se construye su identidad? A continuación vamos a intentar dar respuesta a esta pregunta. Para ello, nos centraremos en lo que Dryburgh (2011) considera los tres pilares fundamentales para definir la identidad: la historia, su localización y su cultura.

En primer lugar, aclararemos qué territorio comprende lo que hoy en día se considera el Tíbet, así como las subdivisiones que presenta y la distribución geográfica de los tibetanos. En segundo lugar, haremos un recorrido histórico del Tíbet, destacando sus acontecimientos más importantes a lo largo del tiempo. En tercer lugar, y en lo que haremos más hincapié, trataremos las cuestiones culturales, a través de su organización social, la religión y el idioma; además de las relaciones con el mundo chino y la comunidad tibetana refugiada. Por último, a partir de los diferentes factores estudiados, llegaremos a una conclusión con tal de responder a la pregunta planteada.

Localización y distribución geográfica

El Tíbet, como espacio cultural ocupa más de dos millones de kilómetros cuadrados, lo que equivale a unas cien veces el tamaño de Cataluña. Este espacio se extiende por cinco estados diferentes: la RPC, la India, Bhután, Nepal y Pakistán;  aunque la mayor extensión del territorio se encuentra dentro de la RPC. Además, no se limita solamente a la división establecida como la Región Autónoma del Tíbet, sino que también incluye parte de las provincias de Sichuan, Qinghai, Gansu y Yunnan. De hecho, en la Región Autónoma del Tíbet residen el 44,81% de los tibetanos residentes en China, mientras que el 55,19% restante se encuentran en las otras provincias de la RPC.[1]  Por otro lado, hay más de cien mil exiliados huyendo de la RPC desde 1959, la mayoría de los cuales se refugiaron en la India, junto al gobierno en el exilio del XIV Dalái Lama (Alay, 2000). A su vez, también existe un importante número de refugiados en Bhután y Nepal, que además solicitan asilo político en países de fuera de Asia (ACNUR, 2000).

Precedentes históricos

El origen de lo que hoy en día conocemos como el Tíbet, se remonta a  principios del siglo VI d.n.E., cuando tribus proto-tibetanas se aliaron para dar comienzo al Imperio Tibetano, que se iría extendiendo por parte de China y el norte de la India. Para pacificar las relaciones sino-tibetanas, el emperador de la dinastía Tang ofreció la mano de su hija, ferviente budista que jugó un papel crucial en la llegada del budismo[2] al Tíbet. El imperio duraría hasta el siglo IX d.n.E., con una consecuente fragmentación de poderes (Neumaire, 2003; Alay, 2000).

Durante este periodo de fragmentación del territorio coexistían diferentes centros de poder. A pesar de que no había una autoridad central, el budismo pasó a ser la religión mayoritaria extendiéndose por todo el país, y en el siglo XI d.n.E. se fundaron los cuatro primeros monasterios budistas, en manos de las diferentes familias aristocráticas que se disputaban el control político del Tíbet (Alay, 2000).

testimonies from these two centuries present the rulers as warrior-kings who claimed the tide ‘the divine mighty one of occult wisdom’ (phrul gyi Iba btsan po), an increasing exposure to Buddhist narratives linked the ancient indigenous ideology of the ruler with Buddhist concepts of the dbarmar ja, ‘king of righteousness’, as bodhisattva (Buddha-to-be). Tibetan sources dating from the 11th century on, portray the rulers as instruments of Buddha's ‘skill in means’ (kaushala up ya) and as bodhisattvas” (Neumaire, 2003:544).

Tras dos siglos de disputas territoriales, el imperio mongol de la dinastía Yuan entró en el Tíbet, y firmó un acuerdo con un maestro budista del territorio. Éste, se vio obligado a escribir al resto de líderes religiosos y políticos del Tíbet, y debido a la superioridad de los Yuan, no les quedó más remedio que aceptar su incorporación en la Confederación Mongola. Pero a finales del siglo XIV d.n.E. con la decadencia de la dinastía Yuan, el poder político del Tíbet  vuelve a manos de una de las familias aristocráticas que ostentaban el poder antes de la llegada de los mongoles (Alay, 2000).

“Los tibetanos dividen las órdenes y escuelas autóctonas en dos grandes grupos, el antiguo y el nuevo, en referencia al periodo histórico anterior o posterior al inicio de la segunda fase de difusión del buddhismo en el país […] Se formaron nuevos grupos alrededor de los lamas más carismáticos diseminados por el país, y de esta manera se fueron formalizando nuevas escuelas religiosas u órdenes monásticas”
 (Prats, 2005: 214).

Finalmente, tras varios conflictos internos, la escuela Gelukpa, a partir de  nuevas negociaciones con los mongoles se hace por primera vez con el poder político del Tíbet, y el líder de la escuela pasa a ser nombrado el I Dalái Lama (Alay, 2000).

A partir de entonces, las luchas por el poder continuaron siendo frecuentes. Entrarían en el juego los propios tibetanos, así como los mongoles y los manchús, que se acabarán quedando en Lhasa, hasta que la dinastía Qing es derrocada. Además, el colonialismo británico también entrará en escena, lo que conducirá al primer exilio del que ya sería el XIII Dalái Lama.

"Hi ha hagut èpoques d’enfrontaments i d’aliances amb xinesos, mongols, manxús, àrabs i uigurs. Ha existit un profund intercanvi cultural i espiritual amb el subcontinent indi o una fusió cultural i religiosa amb els mongols de les estepes. És per tant, un tòpic parlar d’un poble aïllat de la resta del món, tal com ha estat presentant el Tibet a Occident al llarg de les darreres dècades" (Alay, 2000: 7).

Una vez instaurada la República de China, el Tíbet se mantiene independiente hasta la proclamación de la República Popular. Cuando el Ejército de Liberación Popular se adentra en el Tíbet, el Dalái Lama firma un tratado llamado “El Acuerdo de los 17 puntos” en el que la soberanía del Tíbet pasaba a ser de China. En 1959, el actual XIV Dalái Lama revoca el tratado y crea un gobierno tibetano desde el exilio. Tras la muerte de Mao, se intentan negociaciones entre ambas partes sin llegar a ningún acuerdo, y a finales de los ochenta varias revueltas hicieron que se impusiese la Ley Marcial en el Tíbet  (Alay, 2000).

Desde entonces, mientras el XIV Dalái Lama continúa en el exilio, el Tíbet se ha ido modernizando a base de infraestructuras, por parte de la República Popular de China (RPC),  en detrimento de su religión y su cultura anterior a 1950.

Organización social

La organización social tibetana tradicional difiere de la actual, tras pasar a formar parte de la RPC. “Seria, fins i tot, possible parlar de moltes ‘societats’ tradicionals tibetanes paral·leles, formades per la societat dels nòmades de les estepes i de les muntanyes, la societat de comerciants que viuen en nuclis urbans com Lhasa, […] la societat de monjos i monges dels enormes monestirs budistes […] i, finalment, la societat d’aristòcrates seglars i religiosos que van ocupar la pràctica totalitat de l’administració tibetana fins l’any 1959” (Alay, 2000:7). El Tíbet como RAT, ha incorporado las bases sociales de la RPC, en la que la sociedad aristocrática ha sido sustituida por los funcionarios del Partido Comunista y la sociedad religiosa se ha visto radicalmente disminuida. Además, con el desarrollo de la industria minera e hidráulica, así como la implementación de nuevas vías de comunicación han surgido una clase de trabajadores asalariados y un incipiente sector empresarial autóctono.

Estos cambios también se reflejan en las transformaciones de la organización familiar tradicional. Antes de 1959,  ésta se diferenciaba según el grupo social al que pertenecía. Así, mientras que las familias de los comerciantes y de la aristocracia eran monógamas, las familias campesinas eran poliándricas y las nómadas, polígamas. A su vez, las comunidades monásticas practicaban un estricto celibato. “els diversos esquemes tradicionals familiars polígams i poliàndrics, si bé es mantenen d’una forma ‘alegal’, s’han vist progressivament substituïts per l’única forma legalment acceptada, és a dir, la monogàmia” (Alay, 2000:7).

Papel de la religión en la sociedad tibetana

Desde los primeros registros históricos, se otorga a la religión  un papel significativo dentro de la sociedad tibetana. Si bien existió una religión autóctona casi desconocida, el budismo se convirtió en la religión mayoritaria del Tíbet, donde se reconocen dos grandes oleadas de difusión budista, ambas provenientes de la India. Estas dos etapas de difusión son denominadas los Tantras Viejos y los Tantras Nuevos respectivamente. La primera difusión fue realizada por un maestro budista indio, sin embargo la segunda llegó a través de una extensa obra de traducción realizada por los propios tibetanos. De la segunda, surgieron  tres nuevas escuelas, que junto a la escuela basada en los Tantras Viejos, constituyen las cuatro principales escuelas budistas que existen en el Tíbet hoy en día.

Éstas, a través de sus respectivas figuras representativas, se mantuvieron estrechamente vinculadas tanto en temas religiosos como políticos. Cabe destacar la importancia del sistema de reencarnaciones “tulku”, que a pesar de no pertenecer a la tradición Gelukpa, se convertiría en el modelo a seguir para la selección del futuro Dalái Lama tres siglos después.  Este sistema repercutiría posteriormente tanto en el ámbito político como social  (Alay, 2000).

La escuela Gelukpa, tras hacerse con el poder políticotambién se impuso a nivel religioso sobre las otras, reconociéndose al Dalái Lama como figura divina para el pueblo tibetano. “L’organització social i política del Tibet des de la primera meitat del segle XX era hereva directa del sistema implantat al segle XVII pel govern del V Dalai-Lama. La totalitat de les terres pertanyien a un reduït grup de propietaris, mentre que la immensa majoria de la població tibetana estava formada pels serfs d’aquells senyors” (Alay, 2000:120).

En el siglo XVIII se estimaba que ya el 26% de la población tibetana masculina eran monjes (Alay, 2000). Además, el budismo tuvo un gran impacto en el resto de la población tibetana, abarcando todos los aspectos de la vida cotidiana. De este modo, no sólo había practicantes budistas siguiendo una orden monástica, sino también ermitaños retirados en la montaña e incluso personas laicas bien insertadas en la sociedad (informador tibetano).

A partir de 1959, tras la llegada del maoísmo, la religión budista fue duramente reprimida, lo que conllevó a un éxodo masivo de tibetanos. Los frecuentes ataques contra la religión significaban ataques contra la propia cultura tibetana, dado el estrecho vínculo entre ambas. Pasada la Revolución Cultural, el patrimonio cultural tibetano quedó devastado. “El mateix Secretari General del Partit, en la seva visita a Lhasa de l’any 1980, va quedar-se astorat per la misèria que imperava en el Tibet” (Alay, 2000:160). A partir de entonces, se flexibiliza la política religiosa en el gobierno de la RAT por parte de la RPC, generándose cierta apertura social y política en lo concerniente a las tradiciones tibetanas. Aun así, “Malgrat que la Constitució xinesa estableix explícitament el dret a la pràctica de culte religiós, les restriccions del dia a dia estan encara presents a tota la República Popular de la Xina” (Alay, 2000:176).

La lengua tibetana

La lengua tibetana pertenece a la familia lingüística tibetano-birmana, y cuenta con un sistema propio de escritura. La necesidad de traducir los primeros textos budistas contribuyó al desarrollo de éste. “Encara que existeixen multitud de variants dialectals, inintel·ligibles entre elles, hi ha
una llengua escrita comuna a tots els dialectes i que supera la dificultat en la comunicació oral provocada per l’absència d’una llengua estàndard oficial” (Alay, 2000:7).

En la actualidad existen en la RAT dos lenguas oficiales, el tibetano y chino.  Pese a ello, aunque en la enseñanza primaria coexisten ambas lenguas, en la secundaria el chino es la única lengua vehicular en todas las escuelas existentes. Lo mismo ocurre en la Universidad de Lhasa, única institución universitaria de la RAT. Por otro lado, en el ámbito laboral, empresarial, de servicios públicos e informáticos, la lengua china también ocupa un lugar dominante e incluso va adquiriendo un valor añadido como “la lengua de la modernidad”. Así pues, la lengua china va ocupando un lugar importante en las zonas más desarrolladas económicamente de la sociedad tibetana. Sin embargo, en las zonas rurales prevalece la lengua tibetana,  mientras que la lengua china se considera una lengua extraña (Alay, 2000).

Por otra parte, al mismo tiempo que el chino va teniendo un mayor peso en la sociedad tibetana, en las grandes ciudades existe una preocupación por la supervivencia de la lengua tibetana. Prueba de ello es la creación de una red escolar para la preservación y enseñanza de ésta en la RAT (Alay, 2000).

Relaciones sino-tibetanas

Tal y como se ve en el contexto histórico, el Tibet y China han mantenido una relación ambigua de protectorado y conquista mutua que, hasta 1959, nunca había implicado una intervención militar. Según el propio Mao “Tibet and Xinjiang are different: In Xinjiang in the old society there were 200,000–300,000 Chinese, but in Tibet there was not even a single Chinese. So our troops are in a place where there were no Chinese in the past” (Goldstein, 1997: 43-44).

Por otro lado, a pesar de que el continuo intercambio comercial y religioso facilitaba la interacción de estos pueblos, no implicaba que hubiese una unidad étnica o nacional. Incluso la entronización del gobierno-religioso tibetano, en sucesivas ocasiones, fue legitimada mediante la aprobación político-moral de las dinastías chinas, lo que hizo que la vinculación con  la RPC en sus inicios fuese bien recibida por la aristocracia tibetana.

“Some aristocrats and lamas, hoping that by ingratiating themselves with the Chinese they might be able to maintain their positions of privilege, were friendly toward them. But the masses with whom they expected to share a bond of comradeship generally wanted nothing to do with people whom they regarded as alien invaders”
 (Powers, 2004:136).

Será a partir de la intervención del Ejército de Liberación Popular en Tíbet, la creación de la RAT bajo la administración china y la radicalidad de las restricciones maoístas, cuando se empezaron a deteriorar las relaciones bilaterales entre  ambos, lo que devino en un conflicto que sigue vigente hoy en día, tal y como  evidencian las inmolaciones tibetanas en señal de protesta. Sin embargo,  al mismo tiempo se produjeron en la RAT cambios económicos que facilitaban la colaboración entre  ambas comunidades. ”The improvement of transportation infrastructure will have several consequences. It will facilitate development of the tourism and mining industries in Tibet and accelerate economic and population integration between the TAR and inland China” (Mathou, 2005:6).

Aunque se dan casos de matrimonios mixtos, las comunidades se encuentran bien delimitadas. La población han se asienta entorno a las oficinas gubernamentales, centros industriales o zonas urbanas desarrolladas económicamente, a diferencias de las comunidades tibetanas, que se encuentran mayormente en  las zonas rurales (Ma, 1991).

Por otro lado, desde la perspectiva de la población han asentada en la RAT, también se encuentran diversos factores que propician la segregación de éstos respecto a la comunidad tibetana, lo que dificulta una identificación nacional común entre chinos y tibetanos. Entre ellos están las diferencias religiosas entre los tibetanos y los han, la barrera lingüística, la falta de implicación política por parte de los tibetanos, y la falta de interés hacia la integración u objetivos a largo plazo, por parte de los funcionarios y otros trabajadores  trasladados a la RAT de forma temporal.


“Partly due to the complicated relationship between Tibet and the Han regions in the past, partly due to different cultural and religious traditions between Tibetans and Han, the process of social contact and ethnic integration in Tibet has been very complicated. I also found that there are many misunderstandings about traditional Tibetan culture and customs among the Han” (Ma, 1991: 834).

Comunidad de tibetanos refugiados

Si bien las primeras familias de refugiados provenían de diferentes grupos sociales,  predominaba un alto grado de analfabetismo. Posteriormente la comunidad tibetana generó recursos para poder acceder a la educación e insertarse en el mercado laboral. En la actualidad se considera una comunidad social y laboralmente activa dentro de la sociedad india.

Estos campamentos de refugiados han sido el foco principal de los movimientos independentistas pro Free Tibet, en total cooperación con la figura del Dalái Lama. Tibetan refugees are now increasingly construed by Western audiences as the true representatives of Tibetan culture. This view is grounded in the belief that Buddhism is the dominant marker of Tibetan identity, and that the Tibetan people reach a form of communal 'apotheosis' through their proximity to the Dalai Lama” (Prost, 2006:235-236).

Dicho fenómeno ha generado una malinterpretación, e incluso  exotización, de lo que serían la cultura y las tradiciones tibetanas desde la visión europea y norteamericana.

This romanticized image of Tibet has become thoroughly incorporated in the modern popular culture. Beside films, one may refer to the Free Tibet concerts, the ‘Dalai Lamas’ as a pop group, fragments of Buddhist scriptures as lyrics of pop songs, or Tibetan mantras imprinted on t-shirts to be sold in a sports store. A new Tibet has been created in the media and in parts of modern scholarship: a people solely devoted to the pursuit of spiritual awareness and averse to all materialistic and worldly gains; a country united as a nation under the leadership of a bodhisattva, i.e. the Dalai Lama, who leads the Tibetans along a path of compassion and non-violence only to be brutally attacked and destroyed by the evil of Communist China. A cataclysmic clash between good and evil—a scenario so dear to the Western mind” (Neumaier, 2003: 542-543).

A través de la relación entre tibetanos y europeos o norteamericanos en los campos de refugiados, ha surgido una red de patrocinadores para suplir las carencias cotidianas y educativas de las familias tibetanas. “Tibetan refugees have developed a history of dealings with foreigners (through sponsorships, friendships, religious allegiances, and marriage) which have significantly impacted on their social and cultural life” (Audrey, 2006: 237-238). Esto ha dado lugar una relación clientelar con personas ajenas  a su cultura en búsqueda de un aporte financiero, lo que genera una dependencia hacia lo extranjero. “The dependence on foreign aid and tourism has strongly contributed to the rise of Western influence in Tibetan exile life.” (Audrey, 2006: 237-238). Así, la comunidad tibetana en los campos de refugiados, se ha ido transformando independientemente de su cultura autóctona, en correspondencia con la situación que les ha tocado afrontar.

Conclusiones

Después de analizar el contexto histórico y geográfico del Tíbet, se puede concluir que  sus fronteras no se han mantenido constantes a lo largo del tiempo, hasta los años 50 no había pertenecido de forma oficial a ningún país, ni tampoco se podía considerar un país unificado a nivel político, por sus divergencias internas entre los propios tibetanos, todavía hoy vigentes.

Por otro lado, se ha podido comprobar que ni la organización social, ni la estructura familiar, se han comportado de forma homogénea en toda la población tibetana, sino que difieren entre sí en función del grupo social al que se pertenezca y la zona geográfica.

Además, tampoco existe una lengua tibetana estandarizada, sino que coexisten una gran variedad de dialectos ininteligibles entre sí. Paralelamente, la lengua china está cada vez más presente en la sociedad y va ganando aceptación, especialmente entre la población joven y el sector profesional.

En cuanto a la religión, aunque el budismo es la religión mayoritaria, no existe un predominio de la escuela Gelukpa sobre las otras, sino que las demás también ocupan un lugar significativo dentro de la sociedad tibetana. De este modo, a diferencia de lo que se tiende a pensar, tampoco se puede hablar de la escuela del Dalái Lama como un elemento unitario de identidad nacional.

Así mismo, el comportamiento de la comunidad tibetana en el exilio ha cambiado de forma singular en relación a aquella de la RPC, con una especial dependencia del apoyo internacional. A su vez, esta situación ha sido reforzada por los medios de comunicación europeos y norteamericanos, difundiendo del Tíbet una imagen estereotipada, en algunos casos con un exceso de valor emocional.

Por último, la convivencia social, entre tibetanos y no tibetanos en la RPC, se ve afectada por la discriminación china hacia la población tibetana y viceversa. Además la población han residente en la RAT,  dada la temporalidad de su estancia, tampoco se considera a sí misma como parte de esa comunidad.

Por lo tanto, teniendo en cuenta todos estos factores, no puede hablarse de una población tibetana unificada con una identidad e intereses comunes según proclama el gobierno tibetano en el exilio. Del mismo modo, tampoco se puede hablar de la integración tibetana dentro de la “Gran Nación China”, tal y como afirma la RPC. De este modo, no podemos dar una respuesta categórica sobre qué es realmente la identidad tibetana, como si de una sola se tratase, sino que coexisten al mismo tiempo un conjunto de identidades  tibetanas, cada una con sus  propios elementos identitarios.

Bibliografía

·         ACNUR (2000) La Situación de Los Refugiados en el Mundo 2000: Cincuenta Años de Acción Humanitaria. Icaria Editorial, Barcelona.
·         Anónimo (2000) Tabulation on the 2000 Population Census of the People's Republic of China. China Statistics Press, Beijing.
·         Alay, Josep LLuís (2000) Història dels Tibetans. Dels orígens històrics al conflicte polític actual. Pagès Editors, Lleida.
·         Dryburgh, Marjorie (2011) “Foundations of Chinese identity: place, past, and culture” en Understanding Chinese Society (Zang, Xiaowei Ed.) pp. 9-23. Routledge, New York.
·         Goldstein, Melvyn C. (1997) The Snow Lion and the Dragon: China, Tibet, and the Dalai Lama. University of California Press, Berkeley/Los Angeles/London.
·         Ma, Rong (1991) “Han and Tibetan Residential Patterns in Lhasa” en The China Quarterly, No. 128, pp. 814-835. Cambridge University Press on behalf of School of Oriental and African Studies, New York/London.
·         Mathou, Thierry (2005) “Tibet and Its Neighbors: Moving toward a New Chinese Strategy in the Himalayan” enAsian Survey Vol. 45, No. 4, pp. 503-521. University of California Press, Berkeley.
·         Neumaier, Eva K. (2003) “The Fleeting Windhorse: Tibetan Cultural Identity and the Challenge of Modernity” enCanadian Review of Comparative Literature, Vol. 30, No.  3/4, pp. 542-554 Canadian Comparative Literature Association, Canada.
·         Powers, John (2004) History as propaganda: Tibetan Exiles versus the People’s Republic of China. Oxford University Press, New York.
·         Prats, Ramon N. (2005) “El buddhismo. Religión y pensamiento buddhista en Asia Oriental” en Pensamiento y Religion en Asia Oriental (Prevosti, Antoni Comp.) pp 173-232. Editorial UOC, Barcelona.
·         Prost, Audrey (2006) “The Problem with 'Rich Refugees' Sponsorship, Capital, and the Informal Economy of Tibetan Refugees” en Modern Asian Studies, Vol. 40, No. 1, pp. 233-253. Cambridge University Press, New York.
Autores: Isma Ruiz (Approaching to the East) y Marlevis Robaina
Fotografía cedida por Juan Pablo Bustos Fuentes
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Etiquetas: China Hoy, Cultura, Historia, Política, Religión, identidad, tibet

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