El Inframundo y sus dioses en China y Japón

Debido a que el Hombre carece inmortalidad, la vida después de la muerte es tema recurrente en las culturas antiguas.

Así nace el Inframundo, un sitio a dónde van las almas de los muertos. Para algunas culturas, el Inframundo es un paraíso, mientras que para otras es un lugar eternamente obscuro, en donde habitan los demonios.

Di Zang, dios chino del Inframundo

Di Zang, también conocido como Di Kang o Ti-Tsang, era un monje budista, que posteriormente se convirtió en el regente del Inframundo.  Cuando murió, partió al mundo de los muertos. Allí exigió enojado la liberación de su madre, que sólo por comer carne había sido enviada al Inframundo. Con ayuda de un grupo de monjes hizo tanto ruido que finalmente su madre fue regresada al Mundo Superior y Di Zang se convirtió en gobernante de los Muertos.

Tras recibir la inmortalidad, se convirtió en un líder generoso y benévolo que escuchaba a las almas perdidas y les enseñaba sus creencias budistas. Di Zang, generalmente, era compasivo con todos. Si conocía a un alma que se arrepentía de sus pecados, entonces reducía la sentencia de dicho espíritu.  Bajo su regencia, el Inframundo era una especie de mundo paralelo que reflejaba las enseñanzas budistas de bondad y compasión sobre la Tierra.

Emma-O , juez del Inframundo

En la mitología japonesa, Yomi es la tierra oscura de la muerte. En un principio, Yomi solamente era un mundo “espejo” falto de luz y habitantes, donde regía la nada.  Tras la llegada de la diosa de la creación y de la muerte Izanami a Yomi, fueron creados de los demonios del Inframundo. Éstos martirizaban a todos aquellos que habían muerto. Yomi pasó de ser un mundo de tinieblas sin forma, a un lugar de tortura y aterradoras experiencias.

Emma-O, Juez del Inframundo, desde una gran mesa confeccionada con metales preciosos, juzgaba a las almas masculinas que llegaban a Yomi, mientras que las almas femeninas eran juzgadas por su hermana y esposa.  Posteriormente, las almas eran transportadas en carrozas de fuego o trasladadas una vez al año a través del mar de la oscuridad.

Las almas que eran consideradas inocentes regresaban al Mundo Superior en una nueva encarnación, mientras que las almas malvadas eran castigadas antes de regresar a otra vida. Este ciclo era inalterable, a menos que fuesen bendecidos en el último segundo por la diosa de la piedad, Kannon.

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