La Gran Burla Pictórica de Li Tse-hao

Foto titular Fuente: Correio da Manhã (Biblioteca Nacional Digital Brasil)

“En una fría y ventiscosa mañana de enero de 1965, se presentó en mi hotel uno de mis mejores informadores. Mientras sorbíamos una taza de café en la planta superior, me relató un cuento extraordinario” (Taylor, 1976, p. 30).

De este modo comienza a explicar el corresponsal canadiense Charles Taylor en su libro La China de Mao, lo que más tarde se convertiría en uno de los artículos más difundidos y a la vez más olvidados de la época

El desconocido informante del periodista se refería a un cuadro que había sido expuesto en una famosa galería de Pekín, y que más tarde sería reproducido en una de las revistas con mayor difusión de la época, Juventud China (中国青年; Zhōngguó qīngnián), en el número 24, del año 1964.

La obra en cuestión se titulaba “Tú primero, yo después” y había sido realizada por un joven llamado Li Tse-hao, que había conseguido plasmar la quintaesencia del realismo socialista. Unos jóvenes sonrientes caminaban por un vasto campo de trigo recogiendo la abundante cosecha de la temporada. La imagen icónica del trabajador incansable y el contexto del campo chino eran venerados a partes iguales.

Pero no todo era como parecía. Después de que la obra hubiese llegado hasta el último rincón del país, a través de su publicación en la revista Juventud China, un funcionario descubrió que la obra ocultaba un gigantesco mural de insultos y símbolos anticomunistas.

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Título: Tú primero, yo después, / Autor: Li Tse-hao / Fuente: taiwantoday

Entre los rastrojos del campo de trigo se hallaban camuflados dos eslóganes lapidarios: “Larga vida a Chiang Kai-sheck” y “Mueran los comunistas”. Además, entre la abundancia del trigo se hallaban los cuerpos de Mao y Lenin, claramente pisoteados por los campesinos sonrientes. A lo lejos, y aunque no pueda apreciarse bien en la imagen, figuraban más campesinos que marchaban junto a tres banderas rojas. Según comenta Charles Taylor, y más tarde, otros periodistas que se hicieron eco de la noticia, parecía una clara alusión al famoso eslogan, “Mantened en alto las tres banderas rojas de la Línea General del Partido, la del Gran Salto Adelante y la de las Comunas del Pueblo”. De hecho, una de las banderas aparece tirada en el suelo, por lo que parece una crítica al fracaso que supuso el Gran Salto Adelante (Taylor, 1976,  p. 31).

Para cuando se descubrió la serie de efectos ópticos y los mensajes anticomunistas de la obra era ya tarde, no obstante el gobierno instó a que se recogiesen todos los ejemplares de la revistaJuventud China que habían sido repartidos en las escuelas, bibliotecas y domicilios particulares.

Pese a los esfuerzos del gobierno, Charles Taylor acabó haciéndose con un ejemplar de la revista, y de manera concienzuda, se aseguró de contrastar todos los rumores que hasta la fecha había recopilado acerca de la obra. De manera más o menos subversticia cada uno de los eslóganes y simbologías parecía confirmarse, así que finalmente escribió un artículo al respecto, y éste acabó publicándose en la primera página del canadiense, Globe and Mail.

A raíz de la publicación del artículo, numerosas agencias de noticias y medios de Taiwán y Hong Kong contrarios al gobierno comunista chino se hicieron rápidamente eco de la noticia. Incluso el propio Chiang Kai-sheck, el 31 de marzo de ese año, aprovechando su discurso del Día de la Junventud, expresó su preocupación acerca del destino del pintor Li Tse-hao.

De una forma u otra, a pesar de la veracidad de la noticia, las autoridades chinas no habían dicho su última palabra. Comenzó entonces una campaña de contra-información para desmentir y ocultar el escándalo a través de publicaciones en el Diario de Pekín. Por otro lado, el periodista tuvo su correspondiente reprimenda del Departamento de Información, aunque no paso de ahí.

Lo cierto es que funcionó. En cuestión de semanas nadie había visto nada, y quienes habían estado en la exposición de Pekín no recordaban haber visto nada extraño en la obra. La maquinaria de propaganda china había funcionado a la perfección, y como decimos, a pesar de la difusión y la veracidad de la noticia, esta pequeña anécdota –para ojos ajenos- o Gran Burla Pictórica –para el Gobierno chino- acabó esfumándose como si nunca hubiese ocurrido.

Referencias:

Taylor, C. (1976). La China de Mao: Un corresponsal en la China Roja. Editorial Plaza & Janes.

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